Los desafíos que se presentan al servir a Dios y los beneficios que se obtienen al superar la oscuridad de la carrera, confiando únicamente en Dios y sin apoyarse en las propias fuerzas.

 La historia de Manasés y la linterna.

Cuando Manasés escuchó por primera vez el llamado del rey para emprender un viaje, imaginó caminos luminosos, multitudes que lo aclamaban y victorias fáciles. Confiado en sus propias habilidades, empacó cuerdas resistentes, herramientas afiladas y provisiones suficientes para toda la vida.

El rey sonrió y le entregó solo una cosa: una pequeña linterna.

«Con esto bastará», dijo el rey.

Manasés le dio las gracias, aunque en secreto se preguntaba por qué el rey había pasado por alto todo lo demás y solo le había dado una linterna.

El viaje comenzó bien. Manasés cruzó ríos, escaló colinas y resolvió problemas con su propia habilidad. Cada éxito lo convenció de que su fuerza lo acercaba al propósito del rey.

Entonces entró en el Valle de las Sombras, en la oscuridad de la noche, la luz del sol desapareció los caminos se volvieron confusos y sus cuerdas se rompieron. Sus herramientas se quebraron. Sus provisiones se agotaron. La linterna parecía demasiado pequeña para disipar la abrumadora oscuridad.

Por primera vez, Manasés se enojó.

«Rey», gritó en el silencio, «¿por qué me enviaste aquí con tan poco material?».

No hubo respuesta, solo el tenue resplandor de la linterna a sus pies.

 

Los días se convirtieron en semanas. Su confianza se desvaneció, dando paso a la debilidad. Sus oraciones se volvieron más sencillas. Ya no pedía un camino más fácil. En cambio, susurró: «Solo ayúdame a dar el siguiente paso, SEÑOR».

 

Con cada paso, la linterna solo iluminaba unos pocos metros. Nunca todo el camino.

Al principio, esto lo frustró. Más tarde, comprendió que le estaba enseñando algo más importante que el valor: le estaba enseñando a confiar.

 

Poco a poco, dejó de apoyarse en sus propias capacidades y comenzó a depender de Aquel que lo había llamado. La oscuridad no había desaparecido, pero el miedo ya no lo dominaba.

 

Una mañana, el valle llegó a su fin.

Manasés subió a una montaña donde el amanecer se extendía sobre el paisaje. Al mirar hacia atrás, vio que el valle lo había moldeado más que los caminos fáciles. El hombre que emergió no era más fuerte por su propio poder, sino porque había aprendido a confiar en el Rey.

 

Para su sorpresa, la pequeña linterna ahora brillaba con más intensidad que antes. Otros que aún vagaban por valles oscuros vieron su luz y la siguieron hacia la esperanza.

 

Cuando le preguntaron cómo había encontrado el camino, Manasés sonrió.

—No lo hice —dijo—. Simplemente aprendí a confiar en Aquel que me sostenía cuando ya no podía sostenerme a mí mismo.

 

Y entonces comprendió por qué el Rey solo le había dado una linterna. Si le hubieran dado todo lo demás, tal vez nunca habría descubierto que el mayor regalo no era la fuerza para el camino, sino la presencia del Rey en cada paso.

 

Quienes soportan la noche oscura sin soltar a Dios, descubren tesoros que no se encuentran a la luz del día: una fe inquebrantable, corazones humildes, una confianza serena y un amor que ninguna prueba puede apagar. Aprenden que la gracia de Dios es suficiente, que su fuerza se perfecciona en la debilidad, y que quienes confían plenamente en Él jamás caminarán solos, ni siquiera en el valle más profundo.

 

Esta breve fábula ilustra una hermosa verdad: nuestra misión terrenal es una colaboración activa con lo divino. Dios provee el fundamento inquebrantable, tú y yo somos los agentes activos, y nuestra misión compartida es llevar luz, esperanza y amor a un mundo quebrantado. Espero que la hayas disfrutado.

Ahora reflexiona sobre tu camino cristiano y observa si es coherente con la Palabra de Dios, su plan y su propósito para ti.

A continuación, encontrarás algunos versículos sobre la confianza en Dios:

· Entregar el control: «Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas». Proverbios 3:5-6

· Superar el miedo: «Cuando tengo miedo, pongo mi confianza en ti. En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y no temo». Salmo 56:3-4

· Encontrar la paz: «Tú guardarás en perfecta paz a aquellos cuya mente está firme, porque en ti confían». Isaías 26:3-4

 

Comments

Popular posts from this blog