El Camino Estrecho y el Camino Ancho

El camino estrecho

La historia de Eli

Eli se encontraba en la encrucijada de dos caminos. Uno era ancho, luminoso y estaba repleto de viajeros que reían mientras avanzaban apresuradamente. El otro era un sendero estrecho que subía por la ladera de una colina tranquila. Pocas personas lo elegían.

Recordó las palabras que su abuelo le había enseñado: «Entrad por la puerta estrecha... estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan». (Mateo 7:13-14)

El camino ancho parecía más fácil, pero algo en el corazón de Eli le impulsaba hacia el sendero estrecho. A medida que avanzaba, el camino se volvía empinado. Había rocas que escalar, tormentas que soportar y momentos en los que se preguntaba si debía dar media vuelta.

Cada vez que se cansaba, rezaba. La Palabra de Dios le recordaba: «Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propio entendimiento; en todos tus caminos, sométete a él.Y él enderezará tus sendas». (Proverbios 3:5–6)

Por el camino, Eli se encontró con un viajero anciano que compartió su pan con él y le animó. «Mantén la mirada fija en Jesús», le dijo el hombre. «Él ya ha recorrido este camino antes que nosotros». Eli recordó la promesa: «Corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante, fijando la mirada en Jesús» (Hebreos 12:1–2).

A medida que el viaje continuaba, Eli descubrió que el camino estrecho, aunque difícil, estaba lleno de paz, bondad y esperanza. Aprendió que la presencia de Dios importaba más que la comodidad. Incluso en el valle más oscuro, nunca estaba solo, pues el Señor era su Pastor. 

(Salmo 23:1–4) El Señor es mi pastor; nada me faltará.

2 Me hace descansar en verdes praderas; me conduce junto a aguas tranquilas. 3 Me restaura el alma; me guía por sendas de justicia por amor a su nombre. 4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, pues tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.

Por fin, el sendero desembocó en un lugar lleno de luz. Al mirar atrás, Eli se dio cuenta de que cada paso de obediencia lo había acercado más a Dios. Comprendió las palabras de Jesús: «Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí» (Juan 14:6).

A partir de aquel día, Eli invitó a todos los que se encontraba a buscar el camino estrecho, no porque fuera fácil, sino porque conducía al mayor tesoro de todos: la vida con Cristo.

Hermanos, espero que esta historia cambie vuestra forma de pensar.

Mateo 7:13-14 (NASB)

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

En Mateo 7:13-14, Jesús contrasta dos formas de vida utilizando las metáforas de la «puerta estrecha» y la «puerta ancha». La puerta estrecha representa un camino de amor genuino y abnegado que brota del corazón, mientras que la puerta ancha se refiere a vivir con una justicia exterior que oculta la corrupción interior. Jesús nos insta a elegir el camino estrecho que conduce a la vida verdadera.



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